Las reglas no cambian, el amor será inentendible pero es el mismo desde hace décadas, años, siglos. El amor será tortuoso pero yo estoy segura que es el mejor recuerdo que muchos tienen. Capaz que lloramos noches enteras, que fingimos estar bien, que sacamos fuerzas de donde ya no existen, que hasta vamos en contra de lo que sentimos. Somos increíblemente masoquistas y cada día me doy cuenta de una cosa distinta. Somos indescifrables, como el código Da Vinci, como intentar saber el sexo de la Monalisa o quién fue en realidad. Cada persona tiene un código, creo que lo descubrimos cuando nos enamoramos. Cuando las arenas del tiempo se vuelven pesadas y anchas, uno se da cuenta que realmente hay que remarla, que hasta los mas mancos la siguen remando, como dice Iván, el Noble Iván.
Alguna vez dije que a mi bote le faltaban remos. Equivocado, no soy perfecta ni nunca pretendí serlo. Todos pasamos por tiempos de confusión, dolores inmensos, soledades, llantos, noches. Ojalá el cielo hubiese estado despejado en esa época. Llovía todos los días, lo extrañaba y ya no encontraba forma para que las cosas sean como antes. Otro error, las cosas nunca son como habían sido, pueden ser mejores. El amor no es una cuestión de turnos, ya lo dije tantas veces. Entendí como el tiempo puede ser el cardenal más doloroso, la espina en el medio de todo, y al mismo tiempo, mitigar, aliviar.
